• María Jose Espinoza Mora

La magia del storytelling, el arte de contar historias



El storytelling data de hace muchos siglos atrás


El arte de contar historias data de hace muchos siglos atrás. Incluso cuando nosotros no existíamos ni teníamos idea de que existiríamos, ya había personas contando historias que hoy en día escuchamos y se han convertido en una parte importante de quienes somos. Ahora, volviendo al presente, en el siglo XXI, con teléfonos, tablets, laptops o cualquier dispositivo que se les ocurra, deberíamos pensar que no hemos dejado de ser juglares, esos encargados de recitar historias en castillos y que son tan característicos del medioevo. Bueno, ahora el nuevo escenario son las plataformas digitales y, de hecho, si lo pensamos bien, no hemos cambiado demasiado. Al fin y al cabo, la historia es cíclica, ¿no?


Hoy en día, con todo y los avances tecnológicos, las nuevas posibilidades y formas de ver la vida, seguimos volviendo a nuestro sentido más básico y elemental: el lenguaje y las historias. Somos seres humanos que se alimentan de vivencias, dinámicas, modos, anécdotas y un largo etcétera que nos pone en comunicación y nos hace sentir en compañía dentro de este momento o esta vida que, a pesar de contener a millones de personas detrás de una pantalla, se siente tan solitaria.


Aun cuando el mundo nos regala cada día avances y espacios para expresarnos, pudiendo conseguirnos con nuevas formas de hacerlo, siempre volvemos a la más básica, y es porque nos hace sentir más cercanos y, lo que es más importante: humanos. Saber que hay alguien real detrás de una foto de perfil y un millón de seguidores nos genera confianza porque somos capaces de percibirla como a cualquiera de nosotros, pero, ¿cómo es capaz esa persona de lograrlo? ¡Compartiendo sus historias! Historias verdaderas, de su vida, su niñez, sus experiencias. Esperamos que desarrolle su trabajo de juglar de nuestro siglo y nos haga reír, distraernos e, incluso, llorar. Todo esto genera empatía y cercanía, ambos, factores que, muchas veces, se pierden con la constante frialdad de las redes sociales. Sin darnos cuenta, utilizar Instagram, Facebook o Twitter –por solo nombrar algunas plataformas– se vuelve un oficio mecánico y sin valor.


El arte de contar historias, la labor del juglar


Por eso, muchas veces se insiste tanto en el storytelling que, literalmente, significa “cuentacuentos” o como lo hemos llamado en este artículo: la labor del juglar. Contar nuestras historias propias a miles de personas nos garantiza contenido único, porque somos seres humanos, y absolutamente nadie ha experimentado algo de la misma manera –ni siquiera nosotros mismos somos capaces de vivir algo de la misma manera dos veces–. Además, es mucho más sencillo y divertido leer una historia o anécdota, porque te hace sentir como si estuvieses hablando con cualquier amigo/a, ¿o no?


He ahí la relevancia de contenido personal, cercano y que no sea mecánico o repetitivo. Los community managers nos hemos convertido en juglares que se aseguran no solo de estar cerca de usuarios, sino de asegurarse de crear esa personalidad tan necesaria y que guarda tras de sí la calidez y el aspecto humano que se ha convertido en un eslabón importante dentro de la gran pirámide que son las plataformas de nuestro siglo. Esa es la razón por la que la labor del community manager es fundamental, no solo para responder comentarios y dar información básica del negocio que manejen (que también es muy importante, por supuesto), sino para darle una voz única a esa marca que busca trascender de alguna manera. Y sin duda, los números son importantes y nos dicen mucho del público, pero que sepan reconocer tu voz entre muchas otras también es fundamental.

Termino por decirles que hoy en día, inundados de me gusta, compartir y publicar, debemos apegarnos y ser fieles a la necesidad que tenemos los seres humanos de seguir historias, disfrutarlas y, lo que es más importante, vivirlas como si fueran nuestras.